Un fantasma recorre Argentina: el fantasma del COVID-19. Siendo 22 de marzo de 2020, millones de argentinxs nos encontramos encerradxs en nuestros hogares sin asistir a nuestros lugares de trabajo y estudio: como medida de prevención, el presidente Alberto Fernández anunció la cuarentena obligatoria, y hasta el martes 31 sólo podrán permanecer abiertos los supermercados, almacenes, farmacias y ferreterías.
Hace aproximadamente una semana, el Sindicato Argentino de Técnicxs Escénicxs (SATE) publicó un comunicado visibilizando el gran problema de lxs sonidistas, iluminadorxs, y demás trabajadorxs de la técnica del espectáculo: “Estas medidas afectan directamente las fuentes de trabajo y de ingreso. El 90% de los trabajadores del Sector están en condiciones de precarización laboral y/o trabajo informal” [1], pudo leerse en las redes sociales.
La Asociación Argentina De Intérpretes (AADI) también lanzó un petitorio: “Entendemos y apoyamos las medidas de prevención que han significado la cancelación de infinidad de clases, conciertos, festivales y oportunidades laborales para los músicos y las músicas, pero al mismo tiempo le solicitamos [a Alberto Fernández], con la mayor urgencia, la adopción de medidas de fomento y ayuda, para evitar que esta crisis termine de borrar de la Argentina su música nacional, la cual se sostiene por la labor de miles de intérpretes musicales” [2].
De forma indirecta, SATE y AADI describieron también la situación de lxs técnicxs de sonido que trabajan en estudios de grabación y productorxs que se ven afectadxs de la misma manera por esta medida pero no poseen un sindicato o institución que haya emitido un comunicado. Con el cierre de los estudios y la imposibilidad de moverse, muchxs vemos nuestro trabajo truncado de forma parcial o total. Asimismo, una gran cantidad de técnicxs de grabación y mezcla son trabajadorxs “de vivo” y, como ya reveló SATE, el sector se encuentra ampliamente privado de formalidad.
La incertidumbre es notable y, al prever un doloroso golpe a la economía del sector, surgen un sinfín de preguntas que pueden ser resumidas en una: ¿Qué va ser de nosotrxs?
Para responder ese interrogante, debemos realizar un análisis necesario y urgente que debe comenzar obligatoriamente con la evaluación de nuestro presente y pasado. En este preciso momento estamos despojadxs de protección social y capacidad de ahorro: ¿Cómo llegamos a esto? ¿Y cómo podemos cambiarlo?
Haciendo las cuentas
El 2 de marzo de 2020, un grupo de técnicxs de grabación y mezcla de Argentina lanzó una encuesta online para recopilar información sobre las remuneraciones obtenidas y pretendidas en el sector [3]. El objetivo de la acción era cuantificar la gravedad del problema económico para poder pensar una estrategia colectiva, y la serie de preguntas fue respondida por 227 personas, con un 80% residente del Área Metropolitana de Buenos Aires. Si bien la encuesta resultó imprecisa (por motivos que se detallarán más adelante) permitió ver, en números, la realidad de muchísimxs colegas del audio.
Algunos de los datos revelados por la encuesta fueron:
~ El 43% de lxs técnicxs de grabación de entre 5 y 10 años de experiencia cobra 300 pesos por hora de trabajo o menos. El promedio para ese grupo es de 393 pesos argentinos (unos 6,2 dólares estadounidenses, a valor oficial). Este valor no contempla el costo del estudio ni viáticos [4].
~ En el caso de lxs técnicxs de grabación con 10 a 15 años de experiencia, el 55% declaró que cobra 400 pesos o menos por hora de grabación. El promedio de la hora de trabajo asciende a 421 pesos argentinos (6,7 dólares, a valor oficial). Este valor no contempla el costo del estudio ni viáticos.
~ Por los honorarios de una mezcla de un tema sencillo interpretado por batería, bajo, guitarra y voz, el 37% de lxs técnicxs con experiencia de 5 a 10 años cobra 2000 pesos (32USD) o menos. Bajo las mismas condiciones, el 47% de lxs técnicxs de entre 10 y 15 años de experiencia cobra 3000 pesos (47USD) o menos.
~ Unx técnicx de mezcla que posee entre 10 y 15 años de experiencia y reside en Capital Federal cobra un 30% más que sus colegas de las zonas sur y oeste del Gran Buenos Aires.
Si bien algunos puntos de la encuesta entorpecen la objetividad de los números (por ejemplo, no se detalla si lxs técnicxs se mantienen económicamente sólo gracias a esta actividad o cuánto tiempo invierten en cada mezcla), es el único dato sobre el cual podemos elaborar hipótesis y estrategias.
Hagamos una comparación rápida y superficial. Supongamos que quisiéramos ganar por mes lo mismo que unx empleadx administrativx de comercio: $36000, en promedio y en bruto, ya que vamos a tener que hacer nuestros propios aportes [5]. Si fúesemos unx técnicx de mezcla que cobra $3400 por tema, deberíamos mezclar entre 10 y 11 canciones por mes.
10 canciones hacen un disco. ¿Estamos todxs mezclando, al menos, un disco al mes? Y si efectivamente lo estamos haciendo, ¿es justa esa remuneración?
No estoy solo… ¿puedo salir a comprar?
Pero hay una verdad innegable: no somos empleadxs administrativxs.
La realidad de lxs técnicxs de sonido no se parece en nada a la de unx empleadx en relación de dependencia que entrega su tiempo al trabajo de lunes a viernes y luego puede olvidarse del asunto una vez que ya no está en la oficina.. Nuestras vidas son una búsqueda laboral constante que requiere ser tu propix jefx, tu propix capacitadorx laboral, tu secretarix, community manager y hasta inversorx. De esta forma, ver al trabajo únicamente como el tiempo que se invierte en grabar, mezclar u operar en un show es erróneo: las horas invertidas en el armado de presupuestos, la búsqueda y adquisición de nuevas herramientas tecnológicas, las llamadas con clientes, la autopromoción, la preparación previa a la jornada (como el armado de un rider o de una sesión), y el mantenimiento de las herramientas de trabajo son preciosos minutos de la vida que rara vez son contabilizados y remunerados. En adición, nuestra actividad está fuertemente marcada por la necesidad (debatible) de elementos tecnológicos específicos: sistemas de monitoreo, software especializado, superficies de control y otras tantas herramientas suelen ser dejadas de lado al momento de hacer cuentas que construyen el número de la remuneración pretendida.
La sumatoria de todos estos factores desvalorizan lo ganado, traduciéndose en pérdida del poder adquisitivo y, consecutivamente, de la capacidad de ahorro y la conservación de la estabilidad económica en tiempos de vulnerabilidad, como en esta época de cuarentena.
Para reflexionar sobre lo que nos pasa, es importante preguntarnos si nuestras dificultades se deben a una situación individual complicada y momentánea, o son parte de algo más grande que podemos debatir y resolver colectivamente.
En la encuesta mencionada anteriormente, se realizó una pregunta cuya respuesta podía ser redactada por lxs participantes: “En poquísimas palabras, ¿cuál es el mayor problema con el que te encontrás a la hora de presupuestar un trabajo?”. A continuación, algunas palabras que reflejan el problema más nombrado:
“Siempre te tiran abajo el precio. Siempre es caro lo que presupuestás pero después pretenden más de lo que estaba presupuestado”.
“Que la gente prácticamente quiere que le regales el trabajo”.
“En que, muchas veces, tengo que ajustarme al bolsillo del cliente o pierdo el trabajo”.
Hay otra serie de respuestas que también tienen un hilo conductor:
“Competir con ingenieros de más renombre y experiencia que cobran precios bajísimos, poniéndonos un techo muy bajo a todos. Ingenieros que tienen arreglos irrisorios con estudios de renombre contra los cuales se hace imposible competir.”
Lxs técnicxs de estudio atraviesan sus años encerradxs entre cuatro paredes, con poca compañía y en horarios extravagantes. En el mejor de los casos, suelen compartir espacio grabando a lxs artistas, pero a menudo esa relación es breve, superficial, e infértil para dialogar sobre temas tan tabúes como la vulnerabilidad económica y las condiciones laborales. No es casual que aquellxs trabajadorxs del sonido que se avocan a los shows en vivo se hayan organizado antes: además de la urgencia que generan los riesgos escénicos como el trabajo de altura o alto voltaje, suelen armar equipos más grandes que promueven la vinculación entre partes. Para los “bichos de estudio”, crear lazos con otrxs colegas conlleva un esfuerzo intencional mayor.
Si bien es difícil entablar un debate sobre nuestras condiciones, no es imposible. Sin embargo, hasta ahora no ha habido forma de ponerse de acuerdo sobre estos temas... ¿Qué es lo que nos detiene?
Sentarse a hablar de nuestros problemas de manera colectiva no es fácil. A juzgar por los comentarios de lxs encuestadxs, es lógico que algunxs técnicxs tengan aversión a exponer sus tarifas y modos de trabajo, siendo que pueden recibir críticas de sus propixs colegas y sentirse atacadxs.
Y hay más: incrustada en nuestra identidad, tenemos la idea colectiva de que el sufrimiento es parte inherente de este trabajo, y que es el precio a pagar por “hacer lo que a unx le gusta”. Pero sufrir no debería estar normalizado bajo ninguna circunstancia y deberíamos desmitificar que “pasarla mal” es sinónimo de estar esforzándose por hacer un buen trabajo.
A través de los años y hablando con varixs compañerxs, las frases “antes era peor” y “siempre fue de esta manera” se volvieron moneda corriente, así como las anécdotas de sesiones de grabación eternas, sin un horario claro de finalización. El trabajo sin remuneración por “período de prueba”, carente de límites de tiempo, también es parte del folklore de los estudios.
Sumado al pesimismo generalizado, el descreimiento colectivo hacia las organizaciones explícitamente políticas resulta perjudicial para la resolución de los conflictos de esta naturaleza. Esto no es exclusivo de lxs trabajadorxs del sonido: nuestro país tiene un historial comprobado de neutralización de la actividad sindical. Basta con hojear el Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) [6] sobre el última dictadura militar para comprobar que, hace apenas 40 años, ser parte de una organización sindical podía ser motivo de secuestro, tortura y desaparición, y la sociedad entera se amoldó a esa realidad al punto de asociar la actividad política con el riesgo de vida. A través de varias dictaduras, la sociedad argentina fue despojada de una generación entera de pensadorxs, activistas y sindicalistas, y el menemismo se encargó de dar la estocada final con un brutal viraje hacia el neoliberalismo [7], desembocando en la crisis del 2001 y el “que se vayan todos”. A través del tiempo, se forjó la creencia popular de que el sindicalismo es inútil o corrupto en todos los espacios. En este contexto, revertir la falsa afirmación de que “la política y la música no se mezclan” y convencer a alguien de poner su tiempo y energía en la construcción de un espacio de debate sobre las condiciones laborales es, como poco, una idea difícil de instalar.
“Vuelvo a buscar nomás lo que es mío, es una promesa que debo cumplir…”
En este preciso momento, en algún lado del país, hay una persona mezclando o produciendo una canción. Cuando termine, puede que cobre por su trabajo en tiempo y forma. O no.
Para muchxs, el segundo escenario es una realidad continua que genera incertidumbre y hace tambalear sus permanencias en el mundo del audio: si no logran mezclar discos, grabar artistas u operar shows, deberán buscar ingresos complementarios que pueden no provenir del sector del sonido. En ocasiones, la inventiva de lxs técnicxs para mantenerse activxs en el ambiente sin estar precisamente mezclando o grabando es remarcable, y algunxs se las arreglan dando clases, workshops o, por qué no, escribiendo notas. En otros casos, la situación es muy desfavorable y se ven obligadxs a conseguir un empleo formal, utilizando el tiempo en actividades que nada tienen que ver con desarrollar habilidades para la producción musical.
Pero la música, sin embargo, sigue siendo registrada, distribuida y consumida.
¿Quiénes son estos actores que la producen y no sienten inestabilidad al permanecer en el rubro?
Siendo un oficio que requiere de inversión en tecnología y capacitación constante, lxs mejores candidatxs son aquellas personas cuyo bienestar está garantizado al margen de cuánta ganancia generen en la actividad. Estos profesionales pueden elegir sus proyectos, invertir la totalidad de su tiempo en la perfección de su “know how” y construir lazos con otrxs, los cuales permitirán su acceso a un mundo laboral del audio más visibilizado. De esta manera, algunxs colegas que tienen la suerte de tener resuelta su situación económica entran en una rueda que les da más trabajo gracias a su visibilidad, y más visibilidad gracias a su trabajo.
Para aquellxs en situaciones vulnerables (trabajadorxs sin capacidad de ahorro, informales), la situación de cuarentena puede ser un período de terror absoluto: sin seguridad económica, pueden verse empujadxs a cambiar de rubro para pagar necesidades básicas como el techo, la vestimenta y la comida. Pero la música seguirá sonando, grabada, mezclada y cargada de contenido por lxs privilegiadxs que pudieron permanecer en pie.
“Cuando la nieve cae y el viento sopla, el lobo solitario muere, pero la jauría sobrevive”
Para finalizar, quiero invocar a una figura fundamental para que su recuerdo nos inspire:
Osvaldo Pugliese no sólo fue el brillante pianista y compositor que todxs conocemos. En 1935 impulsó el Sindicato Argentino de Músicos (SADEM) y, un año más tarde, se afilió al Partido Comunista Argentino. Por su militancia, fue hostigado durante el gobierno de Perón y la dictadura conocida como “Revolución Libertadora” [8]. Vale la pena preguntarse si hoy, antes de un show, alguien diría “Pugliese, Pugliese, Pugliese” si él sólo se hubiese sentado, cómodo en un sillón de su living, a que otrxs se encargaran de los problemas de lxs demás.
Agradezco a Natalia Perelman y Juan Armani por el férreo apoyo emocional.
A la RMS, por la contención constante.
A Data-Wav por darme el espacio y el puntapié.
Haciendo las cuentas
El 2 de marzo de 2020, un grupo de técnicxs de grabación y mezcla de Argentina lanzó una encuesta online para recopilar información sobre las remuneraciones obtenidas y pretendidas en el sector [3]. El objetivo de la acción era cuantificar la gravedad del problema económico para poder pensar una estrategia colectiva, y la serie de preguntas fue respondida por 227 personas, con un 80% residente del Área Metropolitana de Buenos Aires. Si bien la encuesta resultó imprecisa (por motivos que se detallarán más adelante) permitió ver, en números, la realidad de muchísimxs colegas del audio.
Algunos de los datos revelados por la encuesta fueron:
~ El 43% de lxs técnicxs de grabación de entre 5 y 10 años de experiencia cobra 300 pesos por hora de trabajo o menos. El promedio para ese grupo es de 393 pesos argentinos (unos 6,2 dólares estadounidenses, a valor oficial). Este valor no contempla el costo del estudio ni viáticos [4].
~ En el caso de lxs técnicxs de grabación con 10 a 15 años de experiencia, el 55% declaró que cobra 400 pesos o menos por hora de grabación. El promedio de la hora de trabajo asciende a 421 pesos argentinos (6,7 dólares, a valor oficial). Este valor no contempla el costo del estudio ni viáticos.
~ Por los honorarios de una mezcla de un tema sencillo interpretado por batería, bajo, guitarra y voz, el 37% de lxs técnicxs con experiencia de 5 a 10 años cobra 2000 pesos (32USD) o menos. Bajo las mismas condiciones, el 47% de lxs técnicxs de entre 10 y 15 años de experiencia cobra 3000 pesos (47USD) o menos.
~ Unx técnicx de mezcla que posee entre 10 y 15 años de experiencia y reside en Capital Federal cobra un 30% más que sus colegas de las zonas sur y oeste del Gran Buenos Aires.
Si bien algunos puntos de la encuesta entorpecen la objetividad de los números (por ejemplo, no se detalla si lxs técnicxs se mantienen económicamente sólo gracias a esta actividad o cuánto tiempo invierten en cada mezcla), es el único dato sobre el cual podemos elaborar hipótesis y estrategias.
Hagamos una comparación rápida y superficial. Supongamos que quisiéramos ganar por mes lo mismo que unx empleadx administrativx de comercio: $36000, en promedio y en bruto, ya que vamos a tener que hacer nuestros propios aportes [5]. Si fúesemos unx técnicx de mezcla que cobra $3400 por tema, deberíamos mezclar entre 10 y 11 canciones por mes.
10 canciones hacen un disco. ¿Estamos todxs mezclando, al menos, un disco al mes? Y si efectivamente lo estamos haciendo, ¿es justa esa remuneración?
No estoy solo… ¿puedo salir a comprar?
Pero hay una verdad innegable: no somos empleadxs administrativxs.
La realidad de lxs técnicxs de sonido no se parece en nada a la de unx empleadx en relación de dependencia que entrega su tiempo al trabajo de lunes a viernes y luego puede olvidarse del asunto una vez que ya no está en la oficina.. Nuestras vidas son una búsqueda laboral constante que requiere ser tu propix jefx, tu propix capacitadorx laboral, tu secretarix, community manager y hasta inversorx. De esta forma, ver al trabajo únicamente como el tiempo que se invierte en grabar, mezclar u operar en un show es erróneo: las horas invertidas en el armado de presupuestos, la búsqueda y adquisición de nuevas herramientas tecnológicas, las llamadas con clientes, la autopromoción, la preparación previa a la jornada (como el armado de un rider o de una sesión), y el mantenimiento de las herramientas de trabajo son preciosos minutos de la vida que rara vez son contabilizados y remunerados. En adición, nuestra actividad está fuertemente marcada por la necesidad (debatible) de elementos tecnológicos específicos: sistemas de monitoreo, software especializado, superficies de control y otras tantas herramientas suelen ser dejadas de lado al momento de hacer cuentas que construyen el número de la remuneración pretendida.
La sumatoria de todos estos factores desvalorizan lo ganado, traduciéndose en pérdida del poder adquisitivo y, consecutivamente, de la capacidad de ahorro y la conservación de la estabilidad económica en tiempos de vulnerabilidad, como en esta época de cuarentena.
Para reflexionar sobre lo que nos pasa, es importante preguntarnos si nuestras dificultades se deben a una situación individual complicada y momentánea, o son parte de algo más grande que podemos debatir y resolver colectivamente.
En la encuesta mencionada anteriormente, se realizó una pregunta cuya respuesta podía ser redactada por lxs participantes: “En poquísimas palabras, ¿cuál es el mayor problema con el que te encontrás a la hora de presupuestar un trabajo?”. A continuación, algunas palabras que reflejan el problema más nombrado:
“Siempre te tiran abajo el precio. Siempre es caro lo que presupuestás pero después pretenden más de lo que estaba presupuestado”.
“Que la gente prácticamente quiere que le regales el trabajo”.
“En que, muchas veces, tengo que ajustarme al bolsillo del cliente o pierdo el trabajo”.
Hay otra serie de respuestas que también tienen un hilo conductor:
“Competir con ingenieros de más renombre y experiencia que cobran precios bajísimos, poniéndonos un techo muy bajo a todos. Ingenieros que tienen arreglos irrisorios con estudios de renombre contra los cuales se hace imposible competir.”
“Cuando empiezan a pedir descuentos por que otra persona lo hace más barato”
“Desconocimiento de los tiempos y procesos por parte de los músicos. Gente cobrando MUY BARATO su trabajo”
“Desconocimiento de los tiempos y procesos por parte de los músicos. Gente cobrando MUY BARATO su trabajo”
A priori, podría decirse que hay una gran cantidad de técnicxs que sienten su trabajo desvalorizado por falta de consenso dentro del propio medio. En el sonido y la producción musical no existe un convenio colectivo que establezca mínimos por los trabajos realizados, no poseemos un sindicato o colegio que lo establezca. Esta falta de acuerdo sobre la remuneración pretendida es, entonces, bidireccional: no hay consenso “hacia adentro” (entre técnicxs) ni “hacia afuera” (con lxs artistas).
¿Por qué a nosotrxs?
En este preciso momento, en algún lado del país, hay una persona agazapada en su estudio, al frente de sus monitores o con sus auriculares, en soledad: está mezclando o produciendo una canción. Puede que se pase días tratando de lograr el sonido perfecto, trabajando en el balance de frecuencias y planos, la elección de los efectos y las automatizaciones pertinentes para que la melodía, la armonía y el ritmo cobren vida.
Toda la música que consumimos atravesó, inevitablemente, ese proceso. Y escuchamos muchísima. Detrás de cada single y cada disco, hubo al menos unx técnicx que dedicó horas y horas a aprender su oficio y ejecutar sus habilidades.¿Por qué a nosotrxs?
En este preciso momento, en algún lado del país, hay una persona agazapada en su estudio, al frente de sus monitores o con sus auriculares, en soledad: está mezclando o produciendo una canción. Puede que se pase días tratando de lograr el sonido perfecto, trabajando en el balance de frecuencias y planos, la elección de los efectos y las automatizaciones pertinentes para que la melodía, la armonía y el ritmo cobren vida.
Lxs técnicxs de estudio atraviesan sus años encerradxs entre cuatro paredes, con poca compañía y en horarios extravagantes. En el mejor de los casos, suelen compartir espacio grabando a lxs artistas, pero a menudo esa relación es breve, superficial, e infértil para dialogar sobre temas tan tabúes como la vulnerabilidad económica y las condiciones laborales. No es casual que aquellxs trabajadorxs del sonido que se avocan a los shows en vivo se hayan organizado antes: además de la urgencia que generan los riesgos escénicos como el trabajo de altura o alto voltaje, suelen armar equipos más grandes que promueven la vinculación entre partes. Para los “bichos de estudio”, crear lazos con otrxs colegas conlleva un esfuerzo intencional mayor.
Si bien es difícil entablar un debate sobre nuestras condiciones, no es imposible. Sin embargo, hasta ahora no ha habido forma de ponerse de acuerdo sobre estos temas... ¿Qué es lo que nos detiene?
Sentarse a hablar de nuestros problemas de manera colectiva no es fácil. A juzgar por los comentarios de lxs encuestadxs, es lógico que algunxs técnicxs tengan aversión a exponer sus tarifas y modos de trabajo, siendo que pueden recibir críticas de sus propixs colegas y sentirse atacadxs.
Y hay más: incrustada en nuestra identidad, tenemos la idea colectiva de que el sufrimiento es parte inherente de este trabajo, y que es el precio a pagar por “hacer lo que a unx le gusta”. Pero sufrir no debería estar normalizado bajo ninguna circunstancia y deberíamos desmitificar que “pasarla mal” es sinónimo de estar esforzándose por hacer un buen trabajo.
A través de los años y hablando con varixs compañerxs, las frases “antes era peor” y “siempre fue de esta manera” se volvieron moneda corriente, así como las anécdotas de sesiones de grabación eternas, sin un horario claro de finalización. El trabajo sin remuneración por “período de prueba”, carente de límites de tiempo, también es parte del folklore de los estudios.
Sumado al pesimismo generalizado, el descreimiento colectivo hacia las organizaciones explícitamente políticas resulta perjudicial para la resolución de los conflictos de esta naturaleza. Esto no es exclusivo de lxs trabajadorxs del sonido: nuestro país tiene un historial comprobado de neutralización de la actividad sindical. Basta con hojear el Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) [6] sobre el última dictadura militar para comprobar que, hace apenas 40 años, ser parte de una organización sindical podía ser motivo de secuestro, tortura y desaparición, y la sociedad entera se amoldó a esa realidad al punto de asociar la actividad política con el riesgo de vida. A través de varias dictaduras, la sociedad argentina fue despojada de una generación entera de pensadorxs, activistas y sindicalistas, y el menemismo se encargó de dar la estocada final con un brutal viraje hacia el neoliberalismo [7], desembocando en la crisis del 2001 y el “que se vayan todos”. A través del tiempo, se forjó la creencia popular de que el sindicalismo es inútil o corrupto en todos los espacios. En este contexto, revertir la falsa afirmación de que “la política y la música no se mezclan” y convencer a alguien de poner su tiempo y energía en la construcción de un espacio de debate sobre las condiciones laborales es, como poco, una idea difícil de instalar.
“Vuelvo a buscar nomás lo que es mío, es una promesa que debo cumplir…”
En este preciso momento, en algún lado del país, hay una persona mezclando o produciendo una canción. Cuando termine, puede que cobre por su trabajo en tiempo y forma. O no.
Para muchxs, el segundo escenario es una realidad continua que genera incertidumbre y hace tambalear sus permanencias en el mundo del audio: si no logran mezclar discos, grabar artistas u operar shows, deberán buscar ingresos complementarios que pueden no provenir del sector del sonido. En ocasiones, la inventiva de lxs técnicxs para mantenerse activxs en el ambiente sin estar precisamente mezclando o grabando es remarcable, y algunxs se las arreglan dando clases, workshops o, por qué no, escribiendo notas. En otros casos, la situación es muy desfavorable y se ven obligadxs a conseguir un empleo formal, utilizando el tiempo en actividades que nada tienen que ver con desarrollar habilidades para la producción musical.
Pero la música, sin embargo, sigue siendo registrada, distribuida y consumida.
¿Quiénes son estos actores que la producen y no sienten inestabilidad al permanecer en el rubro?
Siendo un oficio que requiere de inversión en tecnología y capacitación constante, lxs mejores candidatxs son aquellas personas cuyo bienestar está garantizado al margen de cuánta ganancia generen en la actividad. Estos profesionales pueden elegir sus proyectos, invertir la totalidad de su tiempo en la perfección de su “know how” y construir lazos con otrxs, los cuales permitirán su acceso a un mundo laboral del audio más visibilizado. De esta manera, algunxs colegas que tienen la suerte de tener resuelta su situación económica entran en una rueda que les da más trabajo gracias a su visibilidad, y más visibilidad gracias a su trabajo.
Para aquellxs en situaciones vulnerables (trabajadorxs sin capacidad de ahorro, informales), la situación de cuarentena puede ser un período de terror absoluto: sin seguridad económica, pueden verse empujadxs a cambiar de rubro para pagar necesidades básicas como el techo, la vestimenta y la comida. Pero la música seguirá sonando, grabada, mezclada y cargada de contenido por lxs privilegiadxs que pudieron permanecer en pie.
“Cuando la nieve cae y el viento sopla, el lobo solitario muere, pero la jauría sobrevive”
Hasta acá, se han planteado una serie de hipótesis sobre por qué existe tanta incertidumbre en el mundo laboral del sonido, pero este texto estaría incompleto sin algunas propuestas para comprobar que las hipótesis expuestas sean reales (y, si lo fuesen, cómo resolver los problemas que nos aquejan).
Estando en cuarentena, dos clases de acciones pueden ser pensadas: las de corto plazo, que podemos poner en marcha ahora mismo desde nuestras casas, y las de largo plazo, que debemos activar cuando recuperemos nuestra libertad de movimiento.
En el primer caso, algunas buenas formas de empezar a desenmarañar esta madeja hoy mismo son:
~ Antes que nada, reflexionar sobre nuestra propia realidad. Preguntarnos si nos sentimos cómodxs con lo que nos pasa laboralmente, si creemos que estaríamos bien viviendo por unos 20 años más con esta misma calidad de vida. Hablarlo con nuestrxs amigxs y familiares, comparar nuestros ritmos cotidianos. Si encontramos algo que nos hace sufrir, no ignorar ese pensamiento y debatirlo con personas de confianza que nos permitan mostrar vulnerabilidad sin sentirnos juzgadxs. Tratar de no ser tan sádicxs con nosotrxs mismxs justificando nuestro malestar. Nadie se merece una vida privada de ocio y tiempo con nuestros afectos.
~ Pensar en lxs colegas que nos rodean, en las vidas que viven, en sus carencias y fortalezas. Llamarlxs por teléfono, preguntarles cómo están, si hay algo que podamos hacer por ellxs. Si necesitan hablar de algo que lxs aqueja, no interrumpirlxs para hablar de nosotrxs mismxs. Levantarles el ánimo, elogiarlxs genuinamente, recordarles por qué se metieron en esto. Preguntar qué planes tienen para el trabajo después de la cuarentena y ver qué podemos hacer para ayudar en su economía: tal vez conectarlos con alguien que ofrezca trabajo, o elaborar un plan para ganar dinero en conjunto.
~ Socializar conocimiento y herramientas de la forma más horizontal posible. Estos días son perfectos para intercambiar la información que siempre nos prometimos pasarnos.
~ Si decidimos abrir un debate en las redes sobre algo relacionado a nuestro oficio, evitar los axiomas. Reconocer que la otra persona no “se despertó con ganas de atacarnos”, que su postura tiene un contexto, y que puede sorprendernos con información que no tengamos. No tenemos que ser todxs amigxs, pero tampoco es necesario sembrar rispideces: nos necesitamos más unidxs que nunca.
Luego de la cuarentena, el abanico de posibles acciones a realizar se ampliará:
~ Cuando nuestro ecosistema se reactive, es importante no entrar en pánico y no acaparar más trabajos de los que necesitamos. Así como se sugirió que no nos sobrestockeemos en los supermercados, tomemos únicamente lo que necesitamos y derivemos lo que se pueda a lxs colegas que más lo necesitan.
~ Si un grupo de colegas se organizan para reflexionar colectivamente sobre la situación, tratar de participar activa y responsablemente, dentro de lo que nuestra situación lo permita. Obviamente nadie obliga a nadie a ser parte de una actividad, pero vale la pena intentarlo.
~ Junto a nuestrxs colegas, es vital crear normas de convivencia explícitas y comunes para todxs que nos permitan la formación de una conciencia política (¡no necesariamente partidaria!, podemos convivir con pensamientos distintos). Para modelar nuestra realidad, se debe dejar atrás la creencia de que los conflictos se resuelven de manera individual y que el tiempo invertido en la reflexión grupal es tiempo mal utilizado. Lo social y lo técnico no son excluyentes.
~ Es menester dejar atrás el tabú del dinero: es una forma cuantificable de analizar nuestra calidad de vida y debe ser debatida.
~ Identifiquemos colegas en situaciones de vulnerabilidad extrema y construyamos estrategias para ayudarlxs.
~ No huyamos automáticamente de los debates cuando no estamos de acuerdo con lo planteado, especialmente si se es una figura con trayectoria. Lxs referentes tienen el poder de modelar la opinión pública, y es una responsabilidad a la que no se puede renunciar. Actuar como si esa visibilidad no existiera es una actitud negligente y poco solidaria.
~ Identifiquemos aquello que genera conflicto con nuestros valores e intentemos ser lo menos obsecuentes que se pueda. De no poder elegir una situación de trabajo, evitemos visibilizar o enaltecer figuras y establecimientos problemáticos. Y, si vemos que unx colega trabaja en una situación en la que nosotrxs no lo haríamos, entender que la elección es un privilegio.
~ Dejemos de demonizar a todxs lxs artistas como si fueran el origen de nuestras desgracias. Busquemos aquello que tenemos en común y tratemos de resolverlo en conjunto. Elaboremos campañas de visibilización de los problemas que nos aquejan a ambos sectores y busquemos soluciones económicas para que crear música no signifique el malestar de alguna de las partes: difundamos información sobre subsidios, financiación y oportunidades que nos beneficien a todxs.
Mientras esta pandemia sucede, seamos pacientes. Cuidémonos mutuamente ahora, pero también cuando debamos enfrentar las secuelas.
Estando en cuarentena, dos clases de acciones pueden ser pensadas: las de corto plazo, que podemos poner en marcha ahora mismo desde nuestras casas, y las de largo plazo, que debemos activar cuando recuperemos nuestra libertad de movimiento.
En el primer caso, algunas buenas formas de empezar a desenmarañar esta madeja hoy mismo son:
~ Antes que nada, reflexionar sobre nuestra propia realidad. Preguntarnos si nos sentimos cómodxs con lo que nos pasa laboralmente, si creemos que estaríamos bien viviendo por unos 20 años más con esta misma calidad de vida. Hablarlo con nuestrxs amigxs y familiares, comparar nuestros ritmos cotidianos. Si encontramos algo que nos hace sufrir, no ignorar ese pensamiento y debatirlo con personas de confianza que nos permitan mostrar vulnerabilidad sin sentirnos juzgadxs. Tratar de no ser tan sádicxs con nosotrxs mismxs justificando nuestro malestar. Nadie se merece una vida privada de ocio y tiempo con nuestros afectos.
~ Pensar en lxs colegas que nos rodean, en las vidas que viven, en sus carencias y fortalezas. Llamarlxs por teléfono, preguntarles cómo están, si hay algo que podamos hacer por ellxs. Si necesitan hablar de algo que lxs aqueja, no interrumpirlxs para hablar de nosotrxs mismxs. Levantarles el ánimo, elogiarlxs genuinamente, recordarles por qué se metieron en esto. Preguntar qué planes tienen para el trabajo después de la cuarentena y ver qué podemos hacer para ayudar en su economía: tal vez conectarlos con alguien que ofrezca trabajo, o elaborar un plan para ganar dinero en conjunto.
~ Socializar conocimiento y herramientas de la forma más horizontal posible. Estos días son perfectos para intercambiar la información que siempre nos prometimos pasarnos.
~ Si decidimos abrir un debate en las redes sobre algo relacionado a nuestro oficio, evitar los axiomas. Reconocer que la otra persona no “se despertó con ganas de atacarnos”, que su postura tiene un contexto, y que puede sorprendernos con información que no tengamos. No tenemos que ser todxs amigxs, pero tampoco es necesario sembrar rispideces: nos necesitamos más unidxs que nunca.
Luego de la cuarentena, el abanico de posibles acciones a realizar se ampliará:
~ Cuando nuestro ecosistema se reactive, es importante no entrar en pánico y no acaparar más trabajos de los que necesitamos. Así como se sugirió que no nos sobrestockeemos en los supermercados, tomemos únicamente lo que necesitamos y derivemos lo que se pueda a lxs colegas que más lo necesitan.
~ Si un grupo de colegas se organizan para reflexionar colectivamente sobre la situación, tratar de participar activa y responsablemente, dentro de lo que nuestra situación lo permita. Obviamente nadie obliga a nadie a ser parte de una actividad, pero vale la pena intentarlo.
~ Junto a nuestrxs colegas, es vital crear normas de convivencia explícitas y comunes para todxs que nos permitan la formación de una conciencia política (¡no necesariamente partidaria!, podemos convivir con pensamientos distintos). Para modelar nuestra realidad, se debe dejar atrás la creencia de que los conflictos se resuelven de manera individual y que el tiempo invertido en la reflexión grupal es tiempo mal utilizado. Lo social y lo técnico no son excluyentes.
~ Es menester dejar atrás el tabú del dinero: es una forma cuantificable de analizar nuestra calidad de vida y debe ser debatida.
~ Identifiquemos colegas en situaciones de vulnerabilidad extrema y construyamos estrategias para ayudarlxs.
~ No huyamos automáticamente de los debates cuando no estamos de acuerdo con lo planteado, especialmente si se es una figura con trayectoria. Lxs referentes tienen el poder de modelar la opinión pública, y es una responsabilidad a la que no se puede renunciar. Actuar como si esa visibilidad no existiera es una actitud negligente y poco solidaria.
~ Identifiquemos aquello que genera conflicto con nuestros valores e intentemos ser lo menos obsecuentes que se pueda. De no poder elegir una situación de trabajo, evitemos visibilizar o enaltecer figuras y establecimientos problemáticos. Y, si vemos que unx colega trabaja en una situación en la que nosotrxs no lo haríamos, entender que la elección es un privilegio.
~ Dejemos de demonizar a todxs lxs artistas como si fueran el origen de nuestras desgracias. Busquemos aquello que tenemos en común y tratemos de resolverlo en conjunto. Elaboremos campañas de visibilización de los problemas que nos aquejan a ambos sectores y busquemos soluciones económicas para que crear música no signifique el malestar de alguna de las partes: difundamos información sobre subsidios, financiación y oportunidades que nos beneficien a todxs.
Mientras esta pandemia sucede, seamos pacientes. Cuidémonos mutuamente ahora, pero también cuando debamos enfrentar las secuelas.
Para finalizar, quiero invocar a una figura fundamental para que su recuerdo nos inspire:
Osvaldo Pugliese no sólo fue el brillante pianista y compositor que todxs conocemos. En 1935 impulsó el Sindicato Argentino de Músicos (SADEM) y, un año más tarde, se afilió al Partido Comunista Argentino. Por su militancia, fue hostigado durante el gobierno de Perón y la dictadura conocida como “Revolución Libertadora” [8]. Vale la pena preguntarse si hoy, antes de un show, alguien diría “Pugliese, Pugliese, Pugliese” si él sólo se hubiese sentado, cómodo en un sillón de su living, a que otrxs se encargaran de los problemas de lxs demás.
(4) https://docs.google.com/spreadsheets/d/1L0Kk2lOMho7_7ksN6PEG_h4n6do5sB2V2AUChe8QAZw/edit#gid=1594334664
(6) CONADEP, “Informe de la comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas: Nunca más”. Página 378. Eudeba.
Agradezco a Natalia Perelman y Juan Armani por el férreo apoyo emocional.
A la RMS, por la contención constante.
A Data-Wav por darme el espacio y el puntapié.
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4 comments
Excelente investigación!! Nada que decir sobre los reclamos justos de trabajadores, mi total coincidencia y apoyo.
ResponderEliminarSolo algunas reflexiones, obviamente este es un problema que aprieta del zapato de quien lo tiene puesto. Pero desearía ampliar la visión sobre el tema, con algunas preguntas más que con certezas. De quien es la propiedad intelectual?. Resulta que yo soy un mediocre compositor, pero tengo el suficiente dinero para pagarle a un buen ingeniero en sonidos, que hace de mi obra mediocre una maravilla que genera réditos económicos importantes. Bien el que cobra es el señor que guardó su obra en SADAIC. El viejo Karl diría "otra vez la plusvalía!!"
Ahora otra cuestión. El viejo Sigmund afirmaba que el sujeto humano es un ser cultural, que el acceso a la cultura es intrínseco al ser humano y por lo tanto la humanidad se construye a través y por la cultura. En realidad sobre este tema me preguntaría que fue primero si el huevo o la gallina. Entonces la pregunta es: Si la cultura es fundante de la sociedad, de quien es la obra? quien es el científico que hace el descubrimiento? de donde se sirvió para hacer semejante canción?
Ahora un poquito de viejo Baruch, si podemos pensar desde la trascendencia que la vida le da al creador, esteremos en la duda quien escribió La Balsa en los baños de La Perla del Once. Solo transciende aquel que deja de ser el que era y se para un escalón por sobre los demás y se transforma en la mercancía. La otra cara de la trascendencia es la inmanencia, digamos soy eso que no abandono, no me paro por sobre nadie porque soy de este contexto y parte indivisa de esta cultura. Ergo la composición de La Balsa es un fenómeno inmanente, de dos adolescentes en un baño, hastiados de una sociedad que los dejaba solos, tristes y abandonados. Entonces el hecho se hizo creación. La grabó Tanguito muy fea, Los Gatos no tan fea, pero me la imagino cantada por Mollo o Aznar, con un excelente ingeniero de sonidos. Qué derecho tiene Litto para reclamar los derechos de autor? Los mismos que tiene la oligarquía en reclamar las tierras de los pueblos originarios. Ninguna antes de la apropiación, todas después de la instauración de las escrituras, que si bien son un mero fraude, ese fraude está institucionalizado.
Entonces es problema es otro y la investigación de Paulina lo dice claramente. El Dios Mercado, con su brazo armado que es el capitalismo y con su hijo ambicioso y perverso que es el neo-liberalismo, se ha apoderado de la subjetividad, pero del lado de los trascendidos. El neoliberalismo no es sólo una ideología que defienda la retirada del Estado, su desmantelamiento a favor del mercado, o un dejar hacer a la “mano invisible” del capitalismo financiero. Tal como ya lo ha demostrado Michel Foucault, en “ El nacimiento de la biopolítica”, el neoliberalismo, a diferencia del liberalismo clásico o el neoconservadurismo, es una construcción positiva, que se apropia no sólo del orden del Estado, sino que es un permanente productor de reglas institucionales, jurídicas y normativas, que dan forma a un nuevo tipo de “racionalidad” dominante. Esta racionalidad actualmente se ha adueñado de todo el tejido institucional, en la consumación final de su estrategia de dominación. El neoliberalismo no es sólo una máquina destructora de reglas, si bien socava los lazos sociales, a su vez su racionalidad se propone organizar una nueva relación entre los gobernantes y los gobernados, una “gobernamentabilidad” (diría Jorge Alemán) según el principio universal de la competencia y la maximización del rendimiento extendida a todas la esferas públicas, reordenándolas y atravesándolas con nuevos dispositivos de control y evaluación: como insistió Foucault, explicando la génesis del neoliberalismo, es la propia población la que pasa a ser objeto del saber y el poder.
EliminarLo digo en términos Altusserianos: La superestructura se apodera cada día más y más de los dividendos de las bases, ergo la plusvalía pasó a ser plus plus plus plusvalía. El sistema capitalista es perverso, para los ingenieros en sonido para los intelectuales, para los trabajadores sindicalizados o no. Para los desocupados, los precarizados y los formales, para los profesionales, en general para el pueblo trabajador. Además hemos perdido algunas herramientas en el fragor de la batalla, así que podría ser muy mejorable nuestra herramienta pero “El populismo” (diría Ernesto Laclau) es el cuchillito que tenemos para enfrentar al monstruo perverso del neo-liberalismo. Ahora, la pregunta es: cómo defendemos la cultura, la música, la poesía que han sido históricamente los agentes de cambio?. La pandemia nos ha quitado la movilización y la posibilidad de ganar la calle. Hay que pensar nuevos caminos, desechar viejos esquemas individualistas y caminar hacia lo colectivo con el poder supremo de las bases.
Diría el Flaco Luis "Como camino puede andar, todo puede andar" o Vladimir Maiacovki "Resucitadme, aunque solo por ser poeta". Abrazo
Fue un placer encontrar este espacio en la web.
ResponderEliminarRecuerdo mis primeras clases en la Escuela Tecson; algunos profesores nos hablaban de la importancia de cobrar por nuestro trabajo (por mas que sea poco) para evitar esa competencia de buscar al profesional mas económico o aun a los estudiantes no regalar su trabajo a menos que sea super claro el arreglo con las partes.
Si bien era un buen consejo, nunca mas durante la carrera nos brindaron un espacio de reflexión o instrucción sobre este tema tan importante para nuestra industria.
Ese tabu del que hablan en esta nota inundaba todas nuestras charlas camuflando nuestra pasión por el audio. Luego de años de trabajos, esfuerzos y experiencias, esta nota refloto todo este tema que tiene muchísimas ramificaciones y complejidad. Dificultades para pautar un presupuesto acorde a nuestras tareas, no encontrar tarifas unificadas (salvo en sidicatos de TV o sonidistas) que suelen no contestar a nuestras preguntas, ya sea por dificultades administrativas o logísticas. Uno se queda mirando desde lejos a esos grupos unidos que con buenas intenciones protegen su comunidades formadas con mucho esfuerzo pero la competencia y democratización de los últimos años a generado en nuestra industria.
Agradecido nuevamente por este nuevo espacio de reflexion y publicacion sobre nuestro amado mundo del Sonido.
PD: Pueden encontrarme en Instagram (estudio.singular) Saludos a todxs!
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