Si estás estudiando la carrera de producción musical o sos unx músicx curiosx que quiere experimentar grabando sus propias canciones, esta es la nota perfecta para vos. Es posible que te hayas preguntado qué herramientas son necesarias para empezar a trabajar en tus canciones y quizá sientas la obligación de invertir mucho dinero, pero eso está bien lejos de la verdad: podés empezar con muy poco y construir tu espacio lentamente, creando música hermosa en el camino.
Sin embargo, hay una gran industria allá afuera insistiendo en que sus productos son fundamentales a la hora sentarse a producir, grabar o mezclar. Muchas de estas ofertas son genuinamente útiles, pero si sos novatx es probable que no puedas sacarle el provecho en su totalidad y gastes innecesariamente en elementos que no te ayudan a trabajar mejor en este preciso momento de tu carrera. Es normal dejarse llevar por el “flexing” de Instagram y creer que necesitamos el mejor sistema de monitoreo, controladores MIDI de todo tipo y tiras de leds de colores por todos lados, pero la realidad es que se puede crear música sin tener el estudio “de la foto”.
Antes de empezar a hablar de inversiones, es necesario aclarar que “sobre gustos no hay nada escrito”: si podés comprar estos elementos y te hacen muy feliz, adquirirlos es la decisión correcta. Los siguientes ítems son meros ejemplos de cómo abordar inversiones en el audio de una manera efectiva cuando el presupuesto es acotado.
Antes de realizar cualquier gasto, es menester preguntarse para qué queremos ese producto. Si la respuesta a esa pregunta suele ser larga e intrincada, quizá ayude reflexionar sobre qué clase de consumidorxs somos: lo que es necesario para alguien que está iniciando su carrera como técnicx de mezcla puede no ser fundamental para unx instrumentista que sólo quiere maquetear sus canciones y grabarse para perfeccionar su técnica. Una forma de aclararnos el panorama es anotar (sí, de manera analógica, en un papel) qué es lo que queremos lograr con nuestra próxima adquisición: tener ese recordatorio a la vista mientras surfeamos en el mar de opciones que nos ofrece el mercado puede evitar que gastemos “de más” en prestaciones que no son las que originalmente necesitábamos. Por ejemplo, si queremos acelerar nuestro proceso de producción programando baterías con un controlador MIDI, no es necesario comprar el controlador gigante con 88 teclas pesadas, mil pads y un millón de knobs. Es muy fácil caer en la tentación, pero ¿cuánto lo vamos a usar realmente?
Cuando consideramos realizar grabaciones en casa, puede que pensemos en emular un estudio profesional pero en “versión miniatura”. Esta idea puede hacernos visualizar una consola (también llamada mixer) como pieza fundamental de nuestro home studio: después de todo, las vemos en los estudios grandes y en todas las locaciones para shows en vivo, debe ser fundamental ¿no?
No. No es fundamental.
Aunque la consola sea un símbolo de profesionalización en el sonido, es necesario pensar cuál es su objetivo principal. Esta herramienta es utilizada normalmente para “mezclar” señales como lo indica su nombre, sumándolas entre sí para que luego sean amplificadas y reproducidas por un par de parlantes. Existen mixers de muchos tamaños, pero es condición necesaria que el dispositivo pueda realizar esta acción para que pueda ser llamada “consola” efectivamente.
Ahora bien, algunas mixers pueden conectarse a una computadora y ser utilizadas como interfaz de sonido. Si bien esto puede ser práctico, esta prestación no es una característica fundamental de las consolas sino un “extra”. En otras palabras, la mixer no está diseñada principalmente para actuar como elemento de conexión entre nuestro instrumento/micrófono y la computadora. Para tal fin, existen las interfaces de sonido.
Una interfaz, comúnmente llamada “placa”, prescinde de muchas prestaciones que puede tener una mixer (como faders, auxiliares, ecualizadores, efectos) y su función se limita únicamente a traducir la señal analógica de nuestro instrumento/micrófono a una señal digital que puede ser procesada y guardada en un disco rígido. En síntesis, al comprar una mixer en vez de una simple placa estamos gastando dinero en prestaciones que probablemente nunca usemos.
El caso de la mixer y la placa es un gran ejemplo para resaltar que si dos dispositivos son vendidos por el mismo valor y uno tiene más prestaciones, es altamente probable que los componentes del equipamiento más complejo sean de calidad inferior.
2 ~ Si estás pensando en endeudarte por un par de monitores, tal vez convenga repensar el espacio
Comprar monitores de una marca reconocida es prácticamente un rito de paso: dejar de mezclar o producir con el equipo de música familiar o con un par de auriculares es como decir “ahora voy en serio”. Escuchar nuestra música en un buen monitoreo es una sensación inigualable, pero puede verse opacada por la desdicha que genera tener que pagarlos.
Nunca hiere tener un buen par de monitores, sí… si realmente los podés usar. Existen algunas situaciones en las que quizá no vale la pena pasarla mal endeudándose para mejorar el sistema de monitoreo: ¿Sos inquilinx y tus vecinxs han expresado no ser fans de tu música? ¿Tu habitación tiene nulo tratamiento acústico? Tal vez no sea lo mejor gastar esos casi mil dólares en un par de monis profesionales. Especialmente si no tenés el dinero.
Pero no todo está perdido. Si querés mejorar la forma en que escuchás tu trabajo, hay muchas opciones convenientes que pueden ser más económicas que renovar tu equipamiento. Un poco de tratamiento acústico puede cambiar muchísimo la forma en que percibís el audio emitido por tu sistema. Podés asesorarte con unx profesional o experimentar con el mobiliario de tu home studio por tu cuenta. En Data-Wav podés leer esta nota en la que te damos tips para ubicar tus monitores de manera provechosa.
Además, hay un beneficio poco discutido de optar por estirar la vida útil de nuestro monitoreo “amateur”: repensar las cajas en el espacio, optimizar nuestra habitación y convivir con los “defectos” nos obliga a entender mejor el recinto y el sistema con el que estamos trabajando. Es posible que esa respuesta de frecuencias que nos parecía desagradable era resultado de un mal posicionamiento y no del diseño del equipamiento. Estas experiencias pueden ayudarnos a tomar una decisión más certera a la hora de elegir nuestro próximo par de monitores.
3 ~ Si estás considerando asistir al workshop de una figura reconocida, quizá convenga tomar clases particulares
En los últimos años, la oferta de seminarios y workshops creció drásticamente. Hay propuestas locales e internacionales, económicas y caras, de producción, mezcla, mastering y hasta composición. Elegir en qué invertir nuestro tiempo y dinero puede ser confuso y se hace necesario considerar las opciones minuciosamente.
Para tomar la decisión que más se adapte a nuestra situación, es importante no perder de vista que un seminario es un producto, y esa mercancía está pensada para satisfacer una demanda particular. Es necesario considerar si lo que se está intentando vender es exactamente lo que necesitamos adquirir: ¿deseamos obtener información? ¿o lo que realmente queremos es insertarnos en el ambiente laboral? Quizá se nos está vendiendo la experiencia de codearnos con figuras reconocidas o ser parte de un grupo que plantea diálogos de nuestro interés. Todas estas búsquedas serán llevadas a cabo en algún punto de nuestras carreras, pero es de vital importancia saber qué estamos buscando para saber si vamos a obtener lo que necesitamos. Si estamos invirtiendo tiempo y dinero, lo mejor es asegurarnos que realmente valdrá la pena.
Supongamos que estamos buscando “afilar” nuestras habilidades para empezar a trabajar a un nivel profesional. Lo más importante en esta circunstancia no es sólo absorber toda la información que esté a nuestro alcance sino saber cómo aplicarla. En ese caso, es posible que tomar clases particulares con alguien que pueda guiarnos de forma personalizada sea más provechoso que ser parte de un workshop grupal.
Si creés que asistir a un seminario puede ser lo correcto para cumplir con tu propósito, es una buena idea preguntar a alguien que participó anteriormente si la información provista en el evento es mucho más jugosa que la ofrecida en Internet: la red está llena de entrevistas, videos, artículos y bibliografía. Incluso hay servicios que se especializan en crear contenido pago de calidad. A veces la información brindada en workshops no es muy diferente a lo que te explican por estos medios.
Si este artículo te ayudó a replantear tus inversiones, podés contarnos tus conclusiones en la caja de comentarios: ¿qué recomendaciones le darías a colegas que están armando su home studio? ¿Qué inversiones sugerís para aquellas personas con presupuesto acotado?
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