BM-. Creo que tiene que ver que trabajamos en función de la música. Tratamos de valorar la dedicación de las personas. A lo mejor Gabi había estado trabajando 10 horas y al otro día yo venía re manija queriendo probar algo, y trataba de bajar un cambio si yo estaba conectada con otra canción. Es importante respetar los tiempos de las personas con las que estamos trabajando y tener presente el orden de prioridades para ver qué cosas trabajamos cada día, ser organizados en las jornadas de trabajo para manejar las ansiedades personales. Me parece que viene por el lado de tener los roles asignados y trabajar en función de la música.
GP-. Eso que está diciendo Bren es la razón por la cual conceptualmente somos productores los tres. Ellas no son simplemente instrumentistas o compositoras. Son productoras, tienen la misma visión que podría haber tenido Cerati. Por eso Cerati era productor de sus discos, porque pensaba en la música, no es que tocaba la guitarra y “se echaba spray en el pelo”. Tomaba absolutamente todas las decisiones. Por eso en Eruca Sativa son tres productorxs y me enorgullece decirlo. Uno conoce muchos músicos, generalmente el músico se adapta mucho a su rol. Si vos llegás al estudio y te llamaron sólo para tocar la guitarra, es muy difícil que pienses en otra cosa.
GA-. ¿Cómo fue el desarrollo de las distintas etapas de producción? ¿Maquetearon primero o trabajaron mucho en el estudio?
LB-. En este disco estuvieron bastante difusos los límites, no hubo mucha previa. Al principio, la idea fue ir al estudio a maquetear, pero cuando llegamos y pasó un mes, esas maquetas estaban re bien grabadas y el tracklist ya tenía definición. Dijimos “éstas no son maquetas, esto es el disco”. Después continuamos trabajando sobre eso. No hubo una preproducción, había un guión y fuimos a grabar componiendo los temas al mismo tiempo, fue re loco. Había ideas muy embrionarias, a lo mejor había una idea que trajo Bren en el piano y pensábamos “a ver qué pasa, a ver qué entra en ese momento, vamos a escribir la letra…”. Fue todo medio de laboratorio. A los cuatro meses teníamos un disco hecho.
GP-. Fuimos y volvimos un montón. El hecho de que los límites no estén puestos genera un desorden en la producción. A último momento, cuando ya está la canción mezclada, podés cambiar una frase de la letra y decir “vamos a grabarla de nuevo”. El hecho de que los límites no estén delineados puede ser desordenado para la producción pero si el foco está puesto en lo musical está bueno que sea así. Y tener las herramientas para hacerlo.
GA-. Ustedes grabaron en el Estudio “El Mejor”, ¿cómo eligieron ese espacio?
LB-. Necesitábamos un lugar muy puntual donde pudiéramos estar la mayor parte del tiempo solos, trabajando con libertad, sin gente dando vueltas viniendo a escuchar ni metiéndose en nuestra sala. Necesitábamos privacidad y un espacio que nos diera la posibilidad de cortar para, no sé, tomar un mate. Un living, un lugar tranquilo, pero no compartido. También tenía que ser un espacio que le dé libertad a Gabi para manejar la consola. Había confianza con Coca [Monte], con Panda [Elliot], con Musca [Martín Muscatello], los técnicos y los dueños, y nos permitieron esa libertad para manejarnos como si fuese nuestro estudio. Esas condiciones se cumplían en El Mejor. Había un técnico todo el tiempo por las dudas, pero estábamos solos. Éramos libres a la hora de usar las cosas, a lo mejor llamábamos a alguien si teníamos que enchufar algo.
GP-. Es muy hogar, muy casa. Era clave que no hubiera “Estudio A”, “Estudio B”, “Estudio C”...
LB-. Si hay otra gente dando vueltas por ahí te sentís observada o incluso juzgado. Las otras veces habíamos grabado con algún técnico o ingeniero que estaba al mando, pero los temas ya estaban terminados, no había mucho más que hacer. En este caso necesitábamos componer y no podíamos tener el ojo de alguien más. Más allá de que el técnico no diga nada, viste que siempre hay un juicio, una intervención. A lo mejor te dice “a mí me parece que”, y vos no querés la opinión de nadie más, sólo la de la banda.
GP-. Incluso por más que sea una opinión super constructiva y que sume una bocha…
LB-. No queríamos ninguna opinión que no sea de la banda. Queríamos estar solos. Estábamos “re en una”, como se dice [risas]. Queríamos experimentar qué pasaba.
BM-. Durante el primer disco de la banda había gente dando vueltas en el estudio y esa parte de la vida, la social, se torna muy divertida. Cada vez caía más gente. En cada etapa hemos disfrutado de las cosas que el momento nos fue haciendo vivir, pero en este momento necesitábamos que no hubiera nada de eso porque hacía muchos años que no estábamos en intimidad en el proceso de un disco. Siempre había gente de visita, otras bandas que estaban grabando al lado, y para el proceso que teníamos que hacer era un factor de desconcentración alto.
LB-. La intervención llegó en una fase muy posterior en la que vino nuestro manager y el sello a escuchar los temas, a opinar sobre el corte, cosas más puntuales. Imaginate que estábamos haciendo un disco muy distinto para nuestro estilo y alguien que tiene intereses sobre la banda, como un manager o un sello, puede ser muy nocivo porque te puede coartar. No es el caso de las personas que estoy citando, quiero decir que vos podés empezar a dudar de las decisiones que estás tomando…
GP-. ¡Incluso un amigo!
LB-. Claro, o un amigo. No queríamos que alguien viniera y dijera “acá metan un riff, pongan una distorsión”. Era medio al pedo porque teníamos una visión muy de banda para el disco, cualquier tipo de intervención era rara. Dejamos esos juicios para una etapa muy posterior, para cuando ya estuviera hecho el disco y no hubiera nada para decir.
BM-. ¡Donde sabíamos que ya no había vuelta atrás!
LB-. Por ahí están esas opiniones del estilo “falta el corte”, “falta el tema power”. Es que no iba a haber, no lo queríamos. Queríamos que el disco fuera… “eso”. Ya cuando están todas las decisiones tomadas, la fecha de salida y el arte del disco, si hay opiniones, ahí es más fácil decir “bueno, en el próximo disco lo hacemos”.
GP-. Lo que pasa con las opiniones es que a veces cuando alguien va al estudio siente la obligación de opinar, porque sino se siente muy observado, siente que tiene que proponer algo. No puede simplemente decir “está bueno”. A lo mejor te dice “está buenísimo, quizás…” y empieza a decir cosas que te pueden generar dudas terribles. Y esas dudas están generadas por alguien que está dando una opinión porque siente que “tiene” que dar una opinión.
GA-. Ustedes plantean que estaban en un entorno bastante “libre”. ¿Cómo hacen para no procrastinar?
LB-. Ahí jugó mucho nuestro manager que nos vino a decir “che, me parece que ya hay que salir”. No sé qué piensa el resto, pero yo hubiera seguido dándole vuelta a los arreglos. A veces teníamos los temas ya terminados y teníamos dudas, nos preguntábamos “¿ya terminamos o le hace falta un arreglo más?”
BM-. Hubo un día en particular que nosotras dos estábamos re cebadas, Gabi llegó un poco más tarde y ya habíamos puesto el micrófono para abrir un tema y arreglarlo todo de nuevo. Gabi nos dijo “paren un poco”. Estábamos en abril queriendo abrir la sesión de un tema que habíamos cerrado en diciembre. Gabi ahí supo poner el freno y recuerdo que ese día pensé “ya está”. Teníamos todas las versiones cerradas, arregladas, grabadas, pero de repente nos pareció que un tema podía funcionar mejor, no sé, medio funk. Creo que fue con “Hay tantas cosas”. Ese día se entendió que no se hacía más eso con ningún tema.
LB-. A veces la “voladura” te lleva a buen puerto… y a veces no. A veces no está bien. Si parece que las cosas están buenas en su momento, hay que cerrarlas. Por suerte somos tres personas bien distintas y cada uno equilibra al otro. Sobre eso, es importante el respeto al laburo del otro porque Gabi había estado muchas horas mezclando. No es que hubiésemos dejado de hacer un arreglo porque si lo necesita lo hacés, pero él había laburado un montón. Dijo “Si quieren lo hacemos pero a mí me parece que ya está”. Fue muy sensato.
BM-. A mí me pasó cuando estábamos masterizando. Durante un viaje en subte sentí que la letra de un tema hablaba de otra cosa y analicé la posibilidad de volver abrir el tema y grabar la voz. Daniel [Ovie] ya estaba masterizando, ¿entendés? Y yo pensando en abrir el tema, que Gabi lo mezcle… ¡era una falta de respeto a todo el laburo de la humanidad! Eso lo aprendí con este disco: a medida que pasa el tiempo, tenés que aprender a confiar en las decisiones que se tomaron en el pasado. Si la canción la empezamos a hacer en diciembre y estábamos masterizando en agosto del año siguiente, era lógico que se nos ocurrieran cosas nuevas. Reabrir ese proyecto era la “Brenda del futuro” queriendo intervenir en las cosas que decidimos en el pasado. Hay que poner esa energía en hacer canciones nuevas, no es que esta energía creativa tengo que aplicarla en estas canciones que estoy trabajando hace cinco meses: ésas ya están decididas y hay que tratar de llevarlas hasta el final confiando en el criterio que tuvimos en ese momento.
LB-. Cuando estás produciendo vos y grabando vos, también tenés que tener la capacidad de ponerte el límite y decir “bueno ya está, este tema está terminado y sale así, a lo mejor en el próximo disco lo reversiono…”
GP-. Cuando tenés que hacer todo desde el principio, no saber cuándo terminar también es super difícil desde el audio. En un punto “está todo está buenísimo” y perdés la objetividad. Tenés que luchar cada minuto para seguir sintiendo la frescura, seguir sintiendo que es como la primera vez que estás escuchando la canción. Hace un tiempito me mandaron un tema para mezclar que nunca había escuchado. Había un rough mix, levanté todos los tracks a las 9 de la mañana y en un momento dije “esto está sonando buenísimo”. Eran las 11 de la mañana. ¿Cómo puede ser tan fácil para mí habiendo recién conocido una canción tenerla sonando tan bien en tan poco tiempo? Si tenés que escribirla, tocarla, producir y mezclar ¿cómo hacés para que te siga sorprendiendo? Es difícil, estás yendo y viniendo preguntándote si está bueno lo que estás haciendo. Me acuerdo que iba con las mezclas al estudio de Edu Bergallo y le decía “decime si está bueno o no”, y me respondía “¡está tremendo!”. Me tiró algunas cosas muy específicas: “A la voz lead, 1k, un poco más. Y las respiraciones están muy fuertes, parece que se estuviera ahogando”. Al otro día hice exactamente eso. Fijate cómo será que estaba flojo de esa frescura que no me daba cuenta de lo fuerte que estaban las respiraciones. Cuando hice eso cambiaron muchísimo todas las canciones, estaban contando la historia de una manera mucho más relajada y natural. Todo eso aplica a la composición, a los acordes, a los arreglos, a cada uno de los soniditos. En un punto te preguntas “¿Este bombo está bueno o puedo programar otro?” y te ponés a buscar en una galería donde hay cinco mil bombos, “tum, tum, tum…”, ¿viste?. Es re difícil llegar al momento en el que decís “esto está listo”.
GA-. Teniendo en cuenta las idas y venidas, ¿volverían a atravesar este proceso de la misma manera para un próximo disco o elegirían que algunas partes las haga otra persona, como la producción o la mezcla?
BM-. No sé qué piensa Gabi, pero a mí me encantó hacerlo entre los tres y que lo mezcle él. No sé si es por el momento en el que estamos o si fue por este disco, pero sabíamos muy bien lo que queríamos. Entre disco y disco estuvimos dos años girando juntos, escuchando música… tenemos re internalizada la música que compartimos en las giras. No es lo mismo sentarse un día con un ingeniero al que le decís “che, tenemos de referencia estos 4 o 5 discos”, porque no sabe de qué se trata por más que se quiera poner en situación. Me encantan los discos anteriores pero a éste lo disfruté en el proceso. Logramos llegar al lugar al que queríamos al 100%, no me pasa con otros discos que al final siempre me parecía que había algún detalle que a nivel sonido no “quedaba”. En el disco anterior, lamentablemente Lula y yo no pudimos estar en las mezclas, un momento en el que siempre me interesa estar porque es re importante el criterio, más allá de que no lo esté haciendo yo, poder aportar en algo o decir “esto no nos representa”. Con este disco no pasó porque al estar ahí, compartiendo el momento en el que Gabi está con las mezclas abiertas y siendo él parte de la banda, entiende el lugar desde el que le decimos “tirá esa guitarra para un costado, ponele más graves al bombo”, cosas que se te van ocurriendo desde la creatividad. Es muy difícil que otra persona tenga la predisposición de que haya alguien quemándole la oreja. Yo sé que es la otra persona la que sabe mezclar, pero es un trabajo artístico y es nuestra sonoridad. Estar entre los tres buscando detalles me re gustó.
LB-. Yo siento que la mezcla hasta fue parte de la composición, fue parte de las canciones, no un proceso que se “despegó” del resto. Brenda un día dijo “hagamos esto para lograr un efecto 3D” y nos pusimos a probar cosas. Realmente hubo mucha experimentación y Gabi tuvo la apertura para darnos ese lugar. Podría hacer dicho “Acá mezclo yo”. Fue muy charlado el proceso.
GP-. Hoy me siento mucho más capacitado para volver a hacerlo. Me siento más confiado y más acompañado después de que la primera experiencia tuvo un buen resultado. Mezclar es una responsabilidad gigante pero también es un placer enorme, me encanta hacerlo. Quizá algunas pequeñas cositas que tienen que ver con lo técnico podrían ir cambiando disco a disco, al ir aprendiendo cosas. Si tuviésemos la posibilidad de hacer el próximo disco de esta manera, para mí sería completamente distinto. Y el siguiente también sería distinto. Y el siguiente. No siento que por hacerlo de la misma manera nos estemos encasillando, podríamos ir inventando cosas distintas e ir llegando a cosas mejores.
GA-. El disco refleja perfectamente el ambiente intimista, parece que la clave es la confianza porque se conocen hace un montón de tiempo. Pero si pudiesen darle un consejo a una banda que quizá no pasó tanto tiempo junta y está trabajando en un primer disco sin ayuda de unx productorx o técnicx, ¿qué le dirían?
LB-. Es difícil. En el primer disco tuvimos el aporte de amigos, de ingenieros que nos grabaron. Este proceso nos llega después de muchos años juntos, no es que en el primer disco nos hubiéramos animado a algo así. Bah, no sé, es muy personal eso.
BM-. Lo que se me ocurre decir es que siempre hay que pensar en la música. El ego puede ser una interferencia muchas veces. Si recuerdo el proceso de grabación del primer disco con Eruca, creo que lo que más interfería era mi ego. Si yo decía algo y me decían que no, me dolía el corazón por eso. Hace trece años me pasaba eso pero fui puliéndolo, pensando exclusivamente en la música. No hay que tomarlo de forma personal. Y si vas a pedir una opinión a alguien, confiar en la intuición propia y ver cuál es el criterio con el que la otra persona te está diciendo eso. No es que esa opinión es sí o sí la que va. Es más bien “a ver lo que dice, lo tengo en cuenta”, lo tomo o no de acuerdo a una intuición mía. Es música, no hay una fórmula. Hay que confiar en la honestidad de estar haciendo lo que nos gusta sin fórmulas y pensando la música por sobre las personas.
GP-. Yo pienso lo mismo, cada grupo y cada persona hace su camino, pero lo más importante siempre debería ser la música. Me pasó lo mismo que a Brenda. Es difícil dejar afuera de la puerta los sentimientos y poner la música encima de todo el resto, es un trabajo psicológico y personal muy grande presentar una idea y que alguien te diga que no va. Es difícil cuando estamos hablando de abrir el corazón, pero la realidad es que no hay que sentirse herido si estamos en búsqueda de una canción que nos emocione.
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