Ya casi termina el año y comienza esa época en la que todxs realizamos balances. Sin embargo, es imposible ignorar la pandemia de Coronavirus al momento de evaluar si nuestros esfuerzos valieron la pena en el ámbito laboral.
La pandemia puso en evidencia un montón de realidades que ya “estaban ahí” pero quizá no se manifestaban de forma tan explícita. El contexto de cuarentena nos obligó a repensar nuestro trabajo en todos sus aspectos: las formas en que producimos, grabamos, presupuestamos y hasta nos relacionamos con nuestrxs colegas fueron puestas en jaque y nos tocó reflexionar si estábamos haciéndolo de la mejor manera posible.
Como productora artística, técnica de mezcla y docente, me tocó enfrentarme ante un mar de contratiempos. Con mucho esfuerzo, pude producir música en estricto distanciamiento social y seguir dando clases. Las cosas no sucedieron como lo veníamos planeando, pero algunxs colegas con quienes compartimos proyectos y yo logramos los objetivos planteados. Y aprendí muchísimo.
Para cerrar este año, comparto cinco reflexiones que me ayudaron a encontrar más paz en este oficio. De más está decir que todo camino es personal, pero tal vez este texto abra debates que ayuden a más personas a perfeccionar sus rutinas como técnicxs y productorxs.
1 ~ El futuro ya llegó: es la era de lxs “tecniprodumúsicxs”
Hasta la llegada del 2020, me parecía moneda corriente escuchar colegas técnicxs debatir sobre la importancia del trabajo en entornos de estudios de grabación profesionales, esos espacios mágicos e históricos que todxs conocemos. Algunas conversaciones connotaban cierta reticencia a admitir que la música grabada y mezclada en home studios podía ser “igual de válida” que la registrada en estudios profesionales.
Dejando de lado que el concepto de “música buena” o “mala” es totalmente subjetivo, es innegable que hay un cambio de paradigma en la forma de generar productos musicales. Los límites entre las diversas tareas de lxs profesionales del audio se están esfumando (no tan) lentamente y eso se refleja en la música de esta era. Cada día se hace más difícil exclamar “hasta acá es producción” y “ahora es mezcla”. Las herramientas tecnológicas de nuestros tiempos han sido aprovechadas por una nueva generación de artistas que “pivotea” entre estas etapas que antes parecían tan bien delimitadas. Hoy en día es muy normal estar produciendo una canción, grabar una voz y crear “vocal chops”, generando un instrumento prácticamente nuevo que aparecerá en la versión final.
El clásico modelo de “preproducción/grabación/mezcla” está siendo lentamente desplazado por una modalidad afín a los tiempos del home studio, pequeño santuario donde millenials y centennials hemos sabido explorar los límites de nuestras DAWs y nuestros humildes sistemas de grabación y monitoreo.
El auge del trap, la fascinación por la dupla Billie Eilish/Finneas y la existencia de plataformas como Soundbetter son fenómenos que podrían ser explicados por este cambio de paradigma. Esta nueva forma de trabajar trae consigo sus pros y contras: otorga libertad creativa, pero puede generar ansiedad ante la vasta amplitud de posibilidades. Nos permite la producción artística con bajo presupuesto, pero requiere de una inmensa disciplina para poder llegar a un producto final sin mayores altercados.
Creo que debatir qué paradigma es mejor es una discusión estéril. Ya no se puede “reeducar” a lxs músicxs a que vuelvan a trabajar en estudios repletos de hardware analógico (excepto en circunstancias especiales que requieran sí o sí trabajar en esos espacios, como grabaciones de orquestas). En estas condiciones, a lxs profesionales del audio nos toca analizar nuestro contexto y ver cómo adaptarnos.
Por un lado, hay toda una generación de músicxs que están empezando a grabarse a sí mismxs sin tener mucha formación técnica. De hecho, debido al distanciamiento obligatorio, la cuarentena ha sido una suerte de coyuntura que empujó a algunxs instrumentistas a experimentar con DAWs. Por otro lado, la tradición de la grabación en estudio no exige rigurosamente tener un amplio conocimiento musical: antes era fundamental poder realizar una toma sin ruido, pero no era necesario ser la encarnación de un Tratado de Armonía. En ambos casos, parece ser conveniente acercarnos al punto medio si queremos una carrera longeva. Para quienes aspiren a ser sesionistas, las posibilidades de trabajo online les requerirán tener un conocimiento mínimo de cómo grabar y editarse. En cuanto a lxs técnicxs, poner a disposición nuestro “know how” fuera del entorno de estudio profesional puede abrirnos las puertas. Ya no podremos limitarnos solamente a esperar a que todo llegue en orden gracias a lx técnicx de grabación y mezclar felizmente “In The Box” sin muchas complicaciones: ahora deberemos desarrollar un lenguaje técnico en común con quienes graban en sus casas para que puedan optimizar sus recursos con éxito. Esto posiblemente amplíe el panorama, generando espacios de formación y consultoría que pueden ser capitalizados.
Este intercambio de conocimientos no debe ser visto como una amenaza al trabajo técnico sino como una oportunidad de enriquecimiento. Si bien parece inminente la muerte del binarismo “músicx/técnicx”, quien pasa cierta cantidad de horas perfeccionándose en un instrumento no le dedicará ese tiempo a, por ejemplo, mejorar sus mezclas. Seguirá existiendo espacio para esas especialidades, sólo que en nuevos términos y dependiendo de los géneros musicales.
2 ~ Diversificar es la mejor técnica de supervivencia.
Cuando la pandemia era apenas una noticia internacional proveniente de oriente, quien les escribe trabajaba en tres ámbitos completamente diferentes entre sí: produciendo/mezclando música, haciendo sonido en vivo (como monitorista, stage, o hasta FOH en algunas ocasiones) y dando clases en un instituto privado. En marzo nos encerramos en nuestras casas y, con el pasar de las semanas, nos dimos cuenta que esto iba a durar más que 15 días.
Hubo pánico, tristeza y duelo. Muchxs profesionales que generaban sus ingresos principalmente de la actividad en vivo tuvieron que ingeniárselas y ver si podían participar de la técnica de shows por streaming o directamente virar hacia otra especialidad. Quizá hasta a otro rubro.
Tuve suerte. A principios de este año había considerado dedicar más tiempo a los shows en vivo porque ganaba mejor en esa rama que grabando o mezclando. Honestamente prefiero trabajar en música grabada, pero pensaba que apostar al 100% a esa actividad podía ser riesgoso: ¿qué pasaba si me vinculaba a un estudio que se fundía? ¿Y si apuesto años a trabajar con una banda y decide separarse? ¿Y si había una nueva recesión y de repente nadie podía invertir más plata en producción?
En mi cabeza, cuando había una crisis económica, lxs músicxs solían recortar presupuesto en la grabación de sus discos pero igual seguían tocando en vivo. Por eso creía que era mejor no “poner todos los huevos en la misma canasta” y apostar parcialmente a esa rama del sonido. Nunca me hubiera imaginado que la crisis a la que nos íbamos a enfrentar nos dejaría sin shows.
Hay algunos altercados que podemos prever: el cierre de la empresa que suele contratarnos, una mudanza repentina o algún problema de salud son situaciones que eventualmente le sucederán a todo ser humano. Estaba preparada para todos esos escenarios, así que cuando la inesperada interrupción de los shows sucedió, mis números empezaron a ser más magros pero no fueron un temible “cero” es mi caja de ahorros.
Después de este año, no volveré a considerar restringir mis fuentes de ingresos a una única opción. Es posible que gane menos dinero en lo inmediato, pero prefiero saber que tendré un “back up” si sucede algo inesperado.
3 ~ La mitad del trabajo es frente a la DAW, la otra mitad es en el home banking.
Este punto está estrechamente relacionado con el anterior: no hay forma de sacar provecho de nuestro trabajo si no lo cuantificamos.
Cuando los shows en vivo dejaron de ser un trabajo garantizado, me fue muy simple saber cuánto iba a necesitar generar para compensar ese ingreso e idear un plan. También había logrado tener un pequeño ahorro para situaciones de emergencia. Fueron meses magros, pero no desesperados: tenía mis números bajo control.
Hacer un presupuesto de “cuánto me sale vivir” por mes me ayudó a entender cuánto tengo que trabajar y cuánto tengo que cobrar por mi servicio. Estar atentx a la economía personal no es divertido y puede parecer imposible en un país donde la inflación es parte del folklore, pero es fundamental ante la adversidad.
Aprendiendo lo básico sobre finanzas personales pude generar un “colchoncito” que me permitiría vivir tranquila si algún mes me iba mal. Y ni siquiera tenía que trabajar más para generar esa diferencia, sólo tenía que usar las herramientas que el banco me otorgaba. Esos ahorros también estaban destinados a la reposición de algún elemento de trabajo ante roturas/robo o alguna emergencia médica. Quién iba a pensar que ese pequeño “colchón” me separaría de estar completamente endeudada durante la cuarentena.
Las herramientas disponibles para “estirar” nuestras ganancias son muy variadas: plazos fijos, uso de tarjetas de crédito, fondos de inversión, un simple cambio a una cuenta que cobre menos comisión… hay muchísimas opciones a considerar y para todos los gustos.
A veces ya estamos dando el 100% en nuestro oficio. Quizá no se trata de trabajar más, sino de revisar qué tan eficaz es nuestro modo de manejar el dinero que ganamos.
4 ~ Con el descanso no se jode.
Cuando nuestros hogares se convirtieron en nuestros estudios y/o salas de ensayo (si no lo eran ya), perdimos algo fundamental de nuestras rutinas que tal vez habíamos dado por sentado: la movilidad hacia nuestro espacio de trabajo.
Ese ratito en el subte, auto o simplemente caminando podía ser un ritual para iniciar nuestra jornada laboral. Personalmente, aprovechaba ese momento para escuchar algún disco o ponerme al día con lanzamientos recientes. Ahora, al estar en casa todo el día, lo único que tengo que hacer es caminar hacia mi pequeño home studio y abrir la DAW. No hay ritual, no hay “hype” previo, no hay un tránsito de entrada o salida hacia ese estado mental. Y eso es fatal, porque el espacio de trabajo está ahí. Permanentemente presente. Por ejemplo, si estás lavando los platos o simplemente descansando en tu día libre y se te ocurre algo para mejorar una mezcla o producción, no es necesario esperar al día siguiente para ver cómo resultaría. Y esto suena divertido... En teoría.
Para empezar, está el problema de la fatiga auditiva y la sobreproducción. Mucho se ha hablado de lo necesarios que son los “recreos” cuando unx está mezclando o produciendo, y es que ¡NO ES CHISTE!: ¿Es posible mezclar 12 horas casi ininterrumpidamente? Sí. ¿Va a estar buenísima la mezcla? Mmh. Debatible.
El mundo del audio tiene una maldita manía de romantizar las sesiones largas como si indudablemente gestaran mejores piezas artísticas. Es un problema histórico, está lleno de documentales sobre bandas míticas de los 60’ y 70’ que grababan hasta que alguien se desmayaba o retiraba lleno de furia/frustración. Esas escenas son buen material para vender biopics, pero no es una realidad sostenible a largo plazo. Que haya sido así por un buen tiempo no quiere decir que “esté bien”, y si podemos evitarlo gozaremos de una vida mucho más saludable. Dependiendo de nuestras posibilidades económicas, a veces no es posible rechazar condiciones incómodas de trabajo relativas a los tiempos de entrega, pero “quemarse la gorra” no debería ser la regla sino un evento que suceda esporádicamente y nos recompense con tranquilidad económica y espiritual.
Más allá de ser bueno para nuestra salud, ser cuidadosxs con nuestro tiempo será beneficioso para lxs artistas. Unx profesional descansadx y bien remuneradx es unx profesional feliz. Y unx profesional feliz podrá canalizar su conocimiento en beneficio del arte. Para mantener un ambiente pacífico y que la creatividad fluya, es conveniente negociar nuestro tiempo de la misma forma en que negociamos nuestros honorarios: estableciendo de antemano cuándo entregaremos esa mix o producción, revisando en nuestra agenda que los proyectos no se solapen entre sí o con nuestro tan necesario descanso. De esta manera, es altamente probable que 6 horas de trabajo con buen humor nos rindan más que 16 horas con el oído cansado y ganas de autoinmolarse.
Al hablar de “cargas” laborales, es imposible ignorar el entumecedor temor a rechazar un trabajo que después nos arrepentiremos de no haber aceptado. Una forma de enfrentarse a este problema es ¡no rechazarlo!, simplemente conviene notificar que no estás disponible para trabajar inmediatamente y proponer una fecha estimada en la cual podrías dedicarte al proyecto propuesto. Si esto genera rispideces, es probable que el proyecto en cuestión termine siendo una pesadilla debido a falta de organización y/o empatía. “Mejor perderlo que encontrarlo”.
Nunca olvides que hay un motivo por el cual las vacaciones y los días de franco semanales son un derecho. Dentro de lo posible, tratá de defenderlo. Que puedas trabajar a cualquier hora no quiere decir que debas, y que mezcles o produzcas en tu casa no significa que te lleve menos esfuerzo. ¡Ah! Y si se te ocurre una buena idea en tu tiempo libre, siempre podés anotarla en una app de notas para no olvidarla antes de tu horario laboral autodesignado.
5 ~ Instagram es un basurero (pero puede ser necesario)
En mi caso, este último punto es una reflexión que aún no tiene conclusión.
No me gustan las redes sociales. Durante la pandemia, me encontré scrolleando en Instagram mientras tomaba el primer mate del día y, de repente, mi humor se veía completamente arruinado por alguna noticia o comentario desagradable. Ni siquiera era conciente de lo que estaba haciendo, yo solamente estaba esperando a que se caliente el agua en la pava y, en un abrir y cerrar de ojos, estaba viendo recortes de vidas ajenas y “hot takes” (opiniones cuestionables sobre temas candentes de la actualidad).
Encontrar una posible solución a este dilema conllevó una sucesión de pruebas y errores. Ya había intentado ignorar estoicamente el contenido superfluo u ofensivo al navegar por los feeds: reducir mi participación comentando menos y posteando únicamente lo que me parecía útil ayudó a no “engancharme” en debates que no me nutren. Esas conversaciones pueden generar una catarata de notificaciones muy distractivas que mantienen mi atención puesta en el “qué habrá dicho”. El hábito fue reemplazado por dialogar con colegas y amigxs de forma más intencional. Sin quererlo, esta iniciativa me acercó muchísimo a ciertxs compañerxs que, en un llamado de teléfono, me aportaron información mucho más nutritiva que muchas horas de scrolleo.
Pero mi malestar no se fue del todo. Aunque ya no me encontraba en conversaciones sin sentido con gente extraña, seguía teniendo el hábito de “mirar de vez en cuando” y amargarme gratuitamente. Creo que sentía miedo de perderme información relevante, de quedar desactualizada por perderme el lanzamiento de un nuevo plugin o de una masterclass. Perdía mucho tiempo como espectadora pasiva, mi “tiempo en pantalla” me daba vergüenza y yo seguía sin mejorar el audio de mis mezclas. Porque... bueno, estaba ocupada en Instagram. Qué cringe.
En algún momento anterior a la pandemia, intenté vivir sin cuentas en las redes sociales. Hay quienes logran salir adelante con ese estilo de vida, pero para mí fue una experiencia un tanto alienante. En la era de la información, no estar en contacto por esos medios me resultó frustrante porque no sabía cómo mostrarle mi trabajo al público. En otros tiempos teníamos los créditos de los discos, pero esos días no van a volver por más que queramos “reeducar al público y la industria”. Así que “no estar en Insta” dejó de ser una opción, en especial para mí que todavía estoy construyendo mi carrera (llevo apenas 10 años en el mundo del sonido).
Estoy probando una tercera vía: tener momentos designados de consumo de las redes sociales. Entrar, sí, pero “como yo quiero”. Decidí borrar las apps del celular así me permito aburrirme en esos pequeños ratitos de la vida cotidiana. También dejo el celular en otra habitación si me distrae mucho. Ahora ese momento del primer mate del día puede convertirse en una nueva idea para una canción, ya no siento disgusto por lo que Pepito opina del nuevo single de Mengano, o porque leo los mismos mitos sobre frecuencias de muestreo una y otra vez.
Veo los feeds en el navegador después de almorzar o cuando termino el trabajo del día. Si necesito compartir algo a través de la app, la instalo y vuelvo a desinstalarla cuando termino de difundir lo que me parecía relevante.
Quizá no es la mejor forma de atravesar la vida virtual. Quizá no te funciona. ¡Quizá ni siquiera me funciona a mí a mediano plazo! Pero noto una mejoría desde que me prometí tratarme bien y no permitir que me cambie el humor por cosas que terminan siendo irrelevantes a largo plazo. Para el año que viene, mi plan es usar las redes sociales de forma ordenada e intencional. Me gustaría trabajar con unx community manager para considerar estrategias que faciliten la visibilización de mis producciones. Mi deseo es cuidar la paz que me da la mundana vida analógica fuera de las redes sociales, y a la vez difundir contenido sobre mis actividades. Sé que hay gente allá afuera con la que podemos congeniar y llegar a buenos puertos artísticos y laborales. No quiero perderme esas oportunidades.
En síntesis, creo que las redes sociales son herramientas: podemos usarlas para el bien, pero también podemos lastimarnos o lastimar a otrxs en el proceso. Utilizarlas de la manera más eficaz posible requiere cierta dedicación (¡aunque no lo parezca!). En conclusión, entender cómo usarlas de una forma más sana y constructiva es uno de mis objetivos para el 2021.
Acá se termina este divague pandémico. Gracias a todxs por leer esta nota (¡y las anteriores!) durante este año difícil pero lleno de lecciones por aprehender. Sé que este texto es un poco diferente: casi ni hablé de audio, pero aprecio mucho el espacio a Data-Wav por permitirme abrir conversaciones sobre la naturaleza del ambiente laboral y sus no tan debatidos matices.
Espero que el año entrante nos encuentre con ideas nuevas, mucho entusiasmo y una gran cantidad de canciones por mezclar/producir.
¡Felices fiestas!


1 comments
Muy buen articulo!
ResponderEliminarLlegué medio tarde pero sigue siendo valida la reflexión.
Saludos!
Leandro